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sábado, febrero 2

AL MARGEN / Álvaro de Campos

¡Aprovechar el tiempo!
¿Pero qué es el tiempo, para que yo lo aproveche?
¡Aprovechar el tiempo!
Ningún día sin una línea...
El trabajo honesto y superior...
El trabajo en Virgilio, en Milton...
¡Pero es tan difícil ser honesto o superior!
¡Es tan poco probable ser Milton o ser Virgilio!

¡Aprovechar el tiempo!
Arrancar del alma los bocados precisos ―ni más ni menos―
Para juntar con ellos los cubos ajustados
Que hacen grabados ciertos en la historia
(Y son ciertos también del lado de abajo que no se ve)...
Poner las sensaciones en castillo de cartas, pobre China de las veladas.
Y los pensamientos en dominó, igual contra igual,
Y la voluntad en carambola difícil.
Imágenes de juegos, o de paciencias o de pasatiempos:
Imágenes de la vida, imágenes de las vidas, Imagen de la Vida.

Verbalismo...
Sí, verbalismo...
¡Aprovechar el tiempo!
No tener un minuto que el examen de conciencia desconozca...
No tener un acto indefinido ni facticio...

No tener un movimiento disconforme con propósitos...
Buenas maneras del alma...
Elegancia de persistir...

¡Aprovechar el tiempo!
Mi corazón está cansado como mendigo verdadero.
Mi cerebro está pronto como un fardo puesto al costado.
Mi canto (¡verbalismo!) está tal como está y es triste.
¡Aprovechar el tiempo!
Desde que comencé a escribir pasaron cinco minutos.
¿Los aproveché, o no?
¡¿Si no sé si los aproveché, qué sabré de otros minutos?!

(Pasajera que viajabas tantas veces en el mismo compartimiento conmigo
En el tren suburbano,
¿Llegaste a interesarte por mí?
¿Aproveché el tiempo mirándote?
¿Cuál fue el ritmo de nuestro sosiego en el tren en marcha?
¿Cuál fue el entendimiento que no llegamos a tener?
¿Cuál fue la vida que hubo en esto? ¿Qué fue esto en la vida?)

¡Aprovechar el tiempo!
¡Ah, déjenme no aprovechar nada!
¡Ni tiempo, ni ser, ni memorias de tiempo o de ser!
Déjenme ser una hoja de árbol, titilada por brisas,
El polvo de un camino, involuntario y solo,
El surco dejado en el camino por las ruedas hasta que vienen otras,
El trompo de un pilluelo, que se va a detener,
Y oscila, en el mismo movimiento que el del alma,
Y cae, como caen los dioses, en el suelo del Destino.

miércoles, diciembre 26


En la noche terrible, sustancia natural de todas las
             noches,
En la noche de insomnio, sustancia natural de todas mis
             noches,
Recuerdo, velando en modorra incómoda,
Recuerdo lo que hice y lo que podría haber echo en la
             vida.
Recuerdo, y una angustia
Se derrama por mí como un frío del cuerpo o un miedo.
Lo irreparable de mi pasado: ¡ése es el cadáver!
Todos los otros cadáveres quizás sean ilusiones.
Todos los muertos quizás estén vivos en otra parte.
Todos mis propios momentos pasados quizá existan por
             ahí,
En la ilusión del espacio y del tiempo,
En la falsedad del devenir.
Pero lo que yo no fui, lo que yo no hice, lo que ni
            siquiera soñé;
Lo que sólo ahora veo que debería haber hecho,
Lo que sólo ahora claramente veo que debería haber
            sido...
Es lo que está muerto más allá de todos los Dioses,
Eso y fue al fin lo mejor de mí es lo que ni los
            Dioses hacen vivir...

Si a cierta altura
Hubiese doblado a la izquierda en lugar de hacia la
            derecha;
Si a cierta altura
Hubiese dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí;
Si en cierta conversación
Hubiese tenido las frases que sólo ahora, en el
            entresueño, elaboro...
Si todo eso hubiese sido así,
Sería otro hoy, y tal vez el universo entero
Sería llevado insensiblemente a ser otro también.

Pero no doblé hacia el lado irreparablemente perdido,
No doblé, ni pensé en doblar, y sólo ahora lo percibo;
Pero no dije no o no dije sí, y sólo ahora veo lo que no
             dije;
Pero las frases que faltó decir en ese momento me
             surgen todas,
Claras, inevitables, naturales,
La conversación cerrada concluyente,
La materia toda resuelta...
Pero sólo ahora, lo que no fue, ni será hacia atrás, me
             duele.

Lo que de veras fallé no tiene ninguna esperanza
En ningún sistema metafísico.
Puede ser que para otro mundo pueda llevar lo que
             soñé,
¿Pero podré llevar para otro mundo lo que me olvidé de
             soñar?
Esos sí, los sueños por tener, son el cadáver.
Lo entierro en mi corazón para siempre, para todo el
             tiempo, para todos los universos.

En esta noche donde no duermo, y el sosiego me cerca
Como una verdad de la que no participo,
Y allá fuera la luna, como la esperanza que no tengo, es
             invisible para mí.

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